martes, 5 de octubre de 2010

FERIA DE BROTO

FERIA DE BROTO

El 25 de septiembre se celebró la feria de Broto.

Ahí van algunas fotos de la feria.

Hubo cabras.
Hubo vacas de Broto -Parda de Montaña-.
Hubo vacas de raza....... de otra raza.
Hubo caballos.
Hubo ovejas.
Y hubo toros.
Y estuve yo.
Y estuvo Mª José.
Y estuvo el Mondarruego de fondo, siempre presente.
Hubo chistorra y longaniza.
Hubo concurso de pacharán casero.
Hubo concurso de tortilla con jurado de lujo.
Siempre con la presencia de las fuerzas vivas de Broto.

Y Victor, el agente forestal de Ordesa

Y hubo aperitivo final en el Bar Vallés o casa Pía.
Con Anka y Cristina en la barra....
También estaba Pía que no quiso salir

 Vamos, que fue un día fantástico..... excepto para alguno que se quedó "colgado".

La Guardia Civil -¡Vivaspaña!- 
tuvo que intervenir en la ferrata del Sorrosal.

lunes, 27 de septiembre de 2010

LAS HISTORIAS DEL ABUELO

PYRENE

Hace un tiempo, mi amigo Carlos de Olocau me trajó un par de botellas de vino de D.O. Somontano que había comprado en el LIDL. Su nombre Pyrene. Este es un vino fácil de beber que no desmerece y a un precio razonable: 4'50 €. Me he aficionado a él. Soy un incondicional de los somontanos y éste me parece una buena opción como vino de mesa.


PYRENE. D.O. Somontano
La cuestión es que éste vino me recordó la leyenda de Pyrene, ninfa o princesa -según la leyenda que elijamos-, que da nombre a los Pirineos.

Cuenta la mitología clásica que Heracles -Hércules- puso rumbo a Iberia, para acabar con el gigante Gerión y arrebartarle su ganado -éste era el décimo de uno de sus famosos diez trabajos-. Sin embargo, un acontecimiento le dejaría marcado para siempre. Al pasar por las tierras del rey céltico Bébryx -sitas entre Iberia y la Galia-, el héroe quedó prendado de la belleza de la princesa Pyrene, hija de Bébryx. Una noche que estaba ebrio -borracho como una cuba-Heracles se las ingenió para seducir a la joven, abandonándola a la mañana siguiente.

Aquel encuentro tuvo sus consecuencias, pues Pyrene quedó embarazada y al tiempo dió a luz una espantosa serpiente. La princesa quedó horrorizada -no era para menos-. No sabía qué hacer, así que se dirigió al bosque, llorando desconsolada por su dramática mala fortuna. Pero para más desgracia, sus gritos lastimeros atrajeron a los lobos que merodeaban por el bosque, muriendo devorados ella y su hijo.

Heracles de vuelta por aquellas tierras tuvo conocimiento de todo lo que había ocurrido con Pyrene, buscó lo que quedaba de ella y enterró los restos bajo piedras para evitar que las alimañas devoraran lo poco que quedaba de ella y su hijo. Cuenta el mito que Heracles puso tantas piedras que formó una extensa montaña y después prendió fuego a los bosques que la rodeaban que se mantuvieron ardiendo varias semanas. Los griegos, que navegaban por la costa, pudieron contemplar el espectáculo desde el mar y llamaron a aquellas montañas Pirineos, es decir, montañas de fuego.

Hércules entre las llamas amasando el túmulo de Pyrene.
Néstor Martín (1887-1938).
Las Palmas de Gran Canaria, Museo Néstor

Este mito tiene variantes, muchas, pero la esencia es la misma. Por ejemplo:

Cuenta la leyenda que el héroe Heracles vino a la Iberia, con el objetivo de robar los bueyes de Gerión, gigante monstruoso que trató de poseer a una ninfa llamada Pyrene. Esta huyó y se escondió en una zona entre Iberia y la Galia. Gerión entonces incendió todo el lugar para encontrarla. Pyrene, a punto de abrasarse, gritó desesperada y lloró, y sus lágrimas crearon los ibones. Heracles la oyó y acudió en su auxilio. Cuando la encontró, la ninfa estaba ya moribunda y sólo tuvo tiempo de contar al héroe lo ocurrido.

Este, conmovido por el trágico final de Pyrene, levantó un mausoleo sobre su cuerpo muerto, amontonando todas las rocas y piedras que encontró, creando una gran cordillera que llamó Pirineos en recuerdo de Pyrene.

Ya sabéis, el abuelo y sus historias.